jueves, julio 20, 2006

Día de la Secretaria, día Caliente y trágico. Sólo faltó que me orinara el chucho

No todos los días es el día de la secretaria, ni siempre se tiene a una secretaria a la mano, menos que tengas una secretaria sensual y sonriente, y mucho menos que te toque una a la altura de las circunstancias y de las “necesidades”.

Así que, como a mí me tocó una así, y además habiendo una petición de parte, decidí ser parte de la estadística esa donde se indica que el día del amor, el día de la secretaria y el primer día del plantón indefinido del magisterio chiapaneco se llenan al 150 por ciento los hoteles y moteles.

Yo lo sabía, por eso le encargué que hiciera las reservaciones necesarias, ya que había tenido medio día libre como parte de sus festejos.

La cosa es que, como mera mexicana, dejó todo al último y ya no halló uno libre.

Por encima de todo de última hora pidieron un tríptico y se tuvo que dejar concluido.

De tal suerte que las cosas comenzaron a complicarse y cuando ya ella andaba mojada (pero no de la emoción) sino por la pertinaz lluvia (enviada por cupido para acercar a las secretarias con los jefes), decidí que nos fuéramos a San Cristóbal, con eso de que está a 37 minutos de la capital, además de que se cumplía a cabalidad con la condición de discreción exigida por la dama.

Y allá vamos. Pero (oh día de esos que no son nuestro día), resulta que al llegar y girar en “U” sobre el boulevar, rumbo al hotel, ocurre que la pinche llanta se mete en un cabrón agujero, más bien una zanja que da paso a las aguas de lluvia para evitar inundaciones.

De veras que ya sólo nos faltaba nos orinara el chucho. Y ni pa delante ni pa tras ni pa ningún lado, y ¿ya que? Tuve que pedir auxilio. “Hay si te preguntas decís que sos mi mujer o que soy tu marido”, le dije.

Encima que se asoma la policía municipal (gulp), y al ver mi brete que se asoma y, clásico, a pedirme que yo le soplara para ver si no fue el trago lo que me hizo caer en la zanja.

Pero no, ese vicio no lo tengo aún, así que me ayudaron a empujar el carro, ponerle piedras bajo la llanta, etcétera.
Para eso ya era la una de la madrugada.

Cuando al fin llegamos comenzó la otra parte.

Después del baño comenzaría lo que sería la compensación de un mal día, pero ya el mal humor había dominado a la fémina.

Aún así le entró, como haciendo un favor y exigiéndome, con su mirada, buscara yo la perfección en mi persona antes de invitarla a algún lado, y más en su día. Mínimo saber manejar el coche sin caer en agujeros.

Cuando ella me enterró las uñas supe que ya le había cumplido y que “su día” al fin se había coronado, aunque a mí todavía me faltaba.

Pero fue tan “su día” que, en automático, se quedó dormida, ronque y ronque. Digo, puedo decir que “la maté”, pero…

Pero, chin, pues era “su día”, no el mío. ¿Qué más?

Al rato los mensajitos de celular: “¿estás enojado?”, “perdóname, anda di que sí”, “hoy te toca a ti”, etc.

Y, a pesar de todo, había que sonreírle a la gente, a todos, a todas, a ella.

6 comentarios:

Erika dijo...

No puedo creer lo que leí..al menos que la Secre haya sido tu esposa en verdad..pero si no que mala onda de tu parte..pero al menos le diste algo :P de mi no se acordo nadie :(

Hasta pronto

Paco Muñoz dijo...

ERES INCREIBLE
¿QUE COMES QUE ADIVINAS?
DE VERAS QUE TE ADMIRO
EN POCO TIEMPO ME CONOCES MAS DE LO QUE ESPERARIA CUALQUIER PERSONA
SI, SI, SI, FUE CON MI ESPOSA, Y SI SE ATORO MI COCHE, Y MI ESPOSA FUE A AYUDARME, Y LA PASAMOS BIEN, PARA NO IR HASTA COMITAN, NI ELLA VENIR HASTA TUXTLA, NOS REUNIMOS EN SCLC, CON ESOS PEQUEÑOS INCONVENIENTES
GRACIAS POR TU VISITA

Erika dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Anónimo dijo...

Toda una narración digna de revista erótica de las 'buenas', y no precisamente por las 'nenorras'.
Chido.

Anónimo dijo...

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