jueves, octubre 30, 2008

Prostitutas en acción

No hay pleito contra los prostíbulos. Es sólo un buen pretexto para tomar fotos a suculentas damas que, como maestras muy aplicadas, lo enseñan todo.

Como sea, sí intentamos que nuestros lectores estén prevenidos, porque ahora resulta que el mayor peligro para contraer enfermedades infecciosas o virales, entre ellas el SIDA, no está en la Zona de Tolerancia, sino en las céntricas calles de Comitán.



Las “prostis” callejeras no están sujetas a control médico, porque no tienen un lugar fijo dónde las autoridades puedan localizarlas.

Éstas se tendrían que ver en la necesidad de calificar de prostitutas a toda chica de falda muy corta para detenerlas y llevarlas a su revisión médica, pero en una de esas se pueden encontrar a sus propias hijas, nietas o sobrinas, pagando por las pecadoras, siendo santas।

Quienes sí las conocen y reconocen son los dueños de los hoteles, posadas o pensiones, donde nuestras “amigas” alquilan un cuarto por 50 pesos la hora.

Estos “empresarios” que en los hechos ya funcionan como “padrotes” no las delatan, porque les dejan un chorro de lana, sin extender facturas.

Si una chica ofrece unos 20 servicios ya deja al hotel, hospedaje o posada unos mil pesos que no le cae mal a nadie, pero como no sólo hay una meretriz clandestina, sino decenas, entonces los miles llegan en decenas, diario.

Y no, definitivamente no toda chica con falda muy corta y escote con pezones expuestos practica el sexoservicio, aunque puede que sí el sexo por amor o placer.




Denunciar a las “prostis” callejeras es hacerse el haraquiri, es atentar contra su propia economía, y no son tontos para hacerlo.

Por eso se convierten en cómplices, prácticamente en delincuentes, mínimamente en evasores fiscales, aunque igual por atentar en contra de la salud de las y los comitecos.

Porque resulta que el perjuicio no es sólo para los varones que acuden a este tipo de servicios sexuales, sino también a las esposas de éstos, quienes sin deberla ni temerla, pagan los platos o condones rotos.



Los bares, prostíbulos clandestinos

Pero resulta que también los bares están convertidos en focos de infección, o de SIDA.

Por decenas están los bares funcionando en los barrios, proliferando estas enfermedades.

No hay bronca, si cooperaran con las autoridades sanitarias y pagaran sus impuestos, siendo honestos y dando a conocer los servicios que prestan.

Y ambos, posadas y bares, generan fuentes de empleo,


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